PRENSADOS

Universidad de Pamplona | Programa de Comunicación Social

Por las arterias del corazón nobsano

Crónica por: Nicole Galvis | 13 de junio de 2026

Caminantes en el sendero de Morales

Caminantes disfrutando del sendero de Morales. Foto: Nicole Galvis

La mañana estaba algo nublada. Las nubes parecían tener ganas de mostrarnos algunas de sus lágrimas, pero, luego de esperar a los demás del grupo, decidieron regalarnos un cielo azul despejado. Pasadas las ocho, caminamos junto al colegio de mi bachillerato. Habían pasado seis largos años; el paisaje, como yo, ya no era el mismo. Unos pasos más adelante, a las orillas de la carretera y frente a un conjunto de casas, apareció el letrero que señalaba la travesía por recorrer.

Mientras avanzábamos y los caseríos desaparecían de nuestra vista, el paisaje evocaba una nostalgia propia de los años adolescentes. Entre la tradición y el inexorable paso del tiempo, el sol comenzó a asomarse por el este. Brillaban los potreros y sus pastos verdes, que anunciaban el inicio de la cuesta, mientras la sombra de los árboles acompañaba el saludo de quienes ya iban de regreso.

En tanto observábamos el paisaje y continuábamos el ascenso, surgió la curiosidad por conocer la historia de aquel sendero que recorríamos. Morales es el nombre acuñado por la familia Mariño, propietaria del territorio por el que atraviesa el sendero. Oriundos de Nobsa, conocida como la capital mundial de la ruana, han habitado la vereda Cerezal por más de ochenta años. Durante muchos años, utilizaron este camino y atender su cultivo. La travesía consistía en pasar de una vereda a otra, además de visitar otros terrenos.

La pendiente empezó a exigir tributo. Las conversaciones fluidas se convirtieron en respiraciones entrecortadas y los chascarrillos de nosotros, los deportistas de bajo rendimiento, éramos lo único que desafiaba el silencio del camino pedregoso y rojizo.

Yo era más risas que cansancio, gracias al aire que estaba más fresco que nunca. Como siempre, la naturaleza haciendo de las suyas. Limpiando los pulmones cansados y sobre estimulados. Entre paradas y descansos para tomar agua, los saludos de las personas que habían decidido madrugar hacia el sendero se iban prolongando. En medio de buenos días repetidos y preguntas como ¿falta mucho? el camino se iba haciendo más llevadero, de hecho, de principio a fin fue muy tranquilo.

"Todo se sentía más apacible; en un día feriado el contacto con lo verde, siempre es bienvenido. La brisa casi imperceptible, los rayos de sol que atravesaban los árboles y alcanzaban a tocar pedacitos de piel, la vegetación saludándonos con las ramas y sus hojas fueron muy amenos."
Letrero Cabaña Morales

Cabaña Morales en la cima del recorrido. Foto: Nicole Galvis

Entre fotos y sonrisas, alcanzamos la cima. Una panorámica luminosa y verde. La entrada nos recibió con un letrero que decía: «Bienvenidos a Cabaña Morales». Casetas de madera pintadas de colores. Personas hablando, riendo, comiendo y cómo no, descansando. Jarras de guarapo para degustar. Fotos aquí y allá. Un cielo más azul y brillante, digno marco para aquel rincón natural.

Las montañas nos recibieron con un aire fresco y amable, pero a la vez, con una muestra de la estrella más grande; un sol picante y abrazador. Es así, que cobra sentido la intención del camino, que hoy se conoce como: Sendero de Morales. Comenzó como un paso interno de la finca. Era utilizado para llegar a las partes altas de la montaña, se recorrían los potreros para moverse entre zonas de cultivo y vivienda.

Letrero de conservación de biodiversidad

Letrero invitando a la conservación. Foto: Nicole Galvis

La historia detrás de este recorrido ha sido documentada por organizaciones locales interesadas en preservar la memoria del territorio. Según la fundación Corazón Rural, en el marco del proyecto "Caminos Ancestrales: Senderos EcoInterpretativos para la Valorización del Patrimonio Cultural y Natural de Nobsa".

El equipo ha desarrollado iniciativas de turismo ecológico y cultural. Se han encargado no solo de señalizar senderos del municipio con objetivos sostenibles, sino de alfabetizar y recopilar información de las comunidades de Nobsa, con el fin de preservar saberes, relatos y tradiciones que se han ido perdiendo con el tiempo y así dejar una huella en la conservación del ecosistema.

Ya bajando, el recorrido disminuyó gracias al arte de la palabra. Conversaciones desde cómo sería cuando colguemos los guayos, así como también, las posibles celebraciones de los cumpleaños venideros. Las anécdotas hicieron presencia en el guion, entre ellas, cuando atropellaron a mi hermana con una bicicleta y cuando casi se ahoga con la pepa de un mamoncillo; un trauma que, según ella, sigue vivo hasta hoy. Unos saltos vertiginosos que, de palabra en palabra, fueron acumulando nuestros pasos. Estos resonaban sobre el suelo pedregoso de la ruta.

De ese modo, la travesía llegó a su punto de no retorno, es decir, la despedida. Ese gran potrero verde, el inicio del pavimento de la carretera y los caseríos reapareciendo en el horizonte fueron el indicio del fin de la respiración profunda. Sin embargo, no nos fuimos sin antes darle una vuelta a la manzana al pueblo y degustar uno de los platos típicos de la región: una rica empanada.