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Universidad de Pamplona | Programa de Comunicación Social

Chapinero, un barrio donde el ruido nunca descansa

Reportaje por: Nicole Galvis | 13 de junio de 2026

Barrio Chapinero

Tráfico en las angostas calles del barrio Chapinero. Foto: Nicole Galvis

En el Barrio Chapinero, del municipio de Pamplona, conversar en el recorrido deja de ser una opción. Desde la droguería la rebaja, hasta el ISER, el constante ruido del tráfico y la música de los locales que se interrumpen entre ellos junto con las angostas calles que fueron hechas para excluir al transeúnte, son el reflejo de que el silencio y la tranquilidad, pocas veces están presentes dentro de la zona.

Esta realidad no solo afecta la movilidad de quienes transitan por el sector, sino también las dinámicas comerciales de los establecimientos ubicados sobre esta vía. Desde la esquina del puente, hay demanda de locales de diversa índole, desde talleres de automóviles y repuestos, hasta restaurantes, supermercados y papelerías. Es así que, los vecinos de la zona resintieron también esta problemática.

Ludy Antonilez, quien tiene el Fruver, mi campo pamplonés como su negocio, mencionó que la mayoría del tiempo el tráfico de los carros y el sonido de los pitos de forma indiscriminada, se tornan muy molestos. De acuerdo a sus dinámicas de venta, la interacción con los clientes se vuelve reiterativa porque la constante interrupción del ruido en esa parte impide muchas veces que la comunicación sea clara desde un inicio.

"Es muy tenaz, el ruido, el humo, eso afecta mucho la salud. Faltaría un control, porque aquí los carros se estacionan, los dejan prendidos, y el humo tan horrible que se forma", señala Henry Salcedo, comerciante de la zona de la droguería salud y vida.

También agrega el señor Jaime Gelvez, habitante de la zona, que ese ruido constante se debe principalmente al paso del transporte pesado y de carga, asimismo, los otros medios de transporte comunes, que siguen manejando niveles de ruido muy altos. Además, al ser la calle muy angosta, el paso peatonal se vuelve muy escaso y peligroso para quienes transitan diariamente.

La fuente del insomnio

Sin embargo, los comerciantes no son los únicos afectados por esta problemática. Y es que la paradoja de la ciudad y el suelo urbano es la "costumbre a lo que no se puede controlar", en este caso, las zonas residenciales, son una parte bastante afectada por la problemática del ruido.

Luz Mantilla, estudiante universitaria que reside en un edificio del barrio, por la vía Nacional, afirma que las condiciones para el descanso y la concentración son más desfavorables que favorables. Debido al nivel alto del ruido por el tráfico, se agregan las fiestas que se hacen los fines de semana en establecimientos de la zona, como también bares con música hasta después de medianoche, impiden un descanso saludable y oportuno, ya que los horarios en la higiene del sueño se ven afectados por estas circunstancias.

Estudios y normativas

Los testimonios recogidos en el sector reflejan una problemática que también ha sido documentada por organismos nacionales e internacionales, los cuales advierten sobre las consecuencias de la contaminación auditiva para la salud y la calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que el ruido ambiental no supere los 53 decibeles durante el día en zonas con tráfico vehicular y los 45 decibeles durante la noche, pues niveles superiores aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y alteraciones del sueño.

De acuerdo a la Gerencia de Comunicaciones del Consejo Colombiano de Seguridad CCS, y el primer capítulo del informe Fronteras 2022: ruido, llamas y desequilibrios publicados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

"Cada vez hay más evidencia de que la exposición al ruido del tráfico es un factor de riesgo para el desarrollo de trastornos cardiovasculares y metabólicos como la hipertensión arterial, las enfermedades coronarias, la diabetes y el daño auditivo irreversible", señala el informe.

Pero la afectación no solo se da a nivel físico, sino también mental. El ruido de las ciudades incide drásticamente en un amplio espectro de consecuencias que van desde la angustia leve y temporal, molestias y dolores de cabeza, hasta trastornos del sueño y deterioro cognitivo. Por ejemplo, el informe señala que el ruido nocturno perturba el sueño y afecta el bienestar de las personas al día siguiente, lo que va en detrimento de su calidad de vida. "Los despertares inducidos por el ruido pueden desencadenar una serie de cambios fisiológicos y respuestas de estrés psicológico ya que el sueño cumple una función esencial en la regulación hormonal y el funcionamiento cardiovascular" sostiene el documento.

Las personas más afectadas son los jóvenes, los adultos mayores y las comunidades marginadas que habitan en inmediaciones de carreteras con alto tráfico, zonas industriales o vecindarios alejados de los espacios verdes.

En este sentido, en Colombia La Ley 2450 de 2025, o Ley contra el Ruido, redefine la contaminación auditiva en Colombia como una prioridad de salud pública y ambiental, estableciendo una política de calidad acústica que obliga a los municipios a implementar Planes de Descontaminación y Mapas de Ruido dinámicos.

Desde un enfoque técnico, la norma clasifica sectores de protección prioritaria como las zonas educativas y residenciales, donde los niveles de presión sonora no deben exceder los 65 dB en jornada diurna, prohibiendo además el uso de dispositivos sonoros innecesarios y regulando estrictamente las fuentes móviles de carga en perímetros urbanos bajo el principio de "emisor-pagador". Esta legislación vincula directamente el exceso de decibelios con patologías crónicas, otorgando a las autoridades facultades sancionatorias más severas y exigiendo medidas de mitigación física en infraestructuras críticas, lo que convierte al ruido en un factor de infracción legal ambiental plenamente exigible ante los entes territoriales, en este caso la Alcaldía de Pamplona.

Más que una molestia cotidiana, el ruido se ha convertido en un problema de salud pública que afecta el descanso, la comunicación y la calidad de vida de quienes habitan y trabajan en Chapinero. Mientras el tráfico continúe creciendo y las medidas de control sean insuficientes, el silencio seguirá siendo un privilegio difícil de encontrar en este sector de Pamplona.