La esquina del mercado donde la alegría resiste
Reportaje por: Natalia Suárez | 15 de junio de 2026
La resiliencia en el trabajo diario. Foto: Natalia Suárez
Justo en el centro de nuestro municipio, el relato de doña Ana destaca con el coraje de una madre que consagró sus días para sacar adelante a su hija, Nelly. A partir de que tomó el papel de comerciante informal, Ana ha sorteado muchísimos retos, pero su firmeza jamás ha disminuido. Todos los días se levanta con el sol, dispuesta a lidiar con el calor y las barreras diarias del comercio en el espacio público. Ella encarna a una gran parte de la ciudadanía que busca el sustento diario en la calle; no obstante, su situación no es un hecho aislado, sino que integra una dinámica socioeconómica que las entidades locales intentan regular.
El escenario de las ventas informales en el municipio comprende una red compleja de necesidades. Según los reportes oficiales de la Secretaría de Gobierno, hoy en día se contabilizan alrededor de 400 vendedores informales en la ciudad. De esa cifra, la entidad subraya que el 95% de estas personas respeta de forma estricta las normas locales vigentes. Desde la alcaldía, la meta para este año 2026 es lograr un punto de equilibrio entre el apoyo a la economía popular y la mejora de los espacios urbanos.
El comercio informal en las calles. Foto: Natalia Suárez
Sobre este tema, el secretario de Gobierno detalló, luego de una reunión de diálogo con la Policía y los líderes del gremio en el teatro Jorgeggi, que la visión institucional protege el derecho al trabajo, pero fundamentado en el orden. Las autoridades entienden que estos ciudadanos dependen de las ventas para el sustento familiar, pero recalcan que es una obligación mantener libres las vías públicas para asegurar un municipio organizado, seguro y pacífico, lo cual impulsa el turismo y favorece las propias ventas.
Para organizar la convivencia en los sectores comerciales, la administración definió horarios específicos según las zonas de mayor congestión. En la carrera cuarta se estableció un permiso de 6:00 a. m. a 3:00 p. m.; en la calle sexta funciona de 6:00 a. m. a 2:00 p. m.; y en la carrera quinta se acordó desde las 8:00 a. m. hasta las 5:00 p. m. De igual manera, la norma prohíbe de forma rotunda invadir las áreas de cargue y descargue, al igual que las zonas de transporte público.
"Cada jornada es una nueva oportunidad para salir adelante", asegura doña Ana con esperanza, mientras arregla su puesto de frutas en una esquina de la plaza de mercado.
Dentro de los pactos logrados, se fijó el martes como día de descanso obligatorio, prohibiendo las ventas en la calle, exceptuando las semanas que tengan un lunes festivo (en cuyo caso se les permite laborar la semana completa). Para la minoría de vendedores que no acate estas disposiciones, la administración y la Policía Nacional impondrán rigurosamente las sanciones del código de policía.
Para personas como doña Ana, acoplarse a las normativas es el secreto para asegurar su ingreso sin problemas legales, haciendo del respeto al espacio público una parte de su día a día. "Desde que me otorgaron el espacio para laborar, yo acato las reglas", afirma la comerciante, explicando que suele llegar entre las 7 y las 8 de la mañana y se va a la 1 de la tarde, cuidando siempre de no dejar basura. Ella ratifica que cuando hay puente festivo, se les autoriza trabajar el martes para completar su jornada semanal.
Esta situación en la plaza demuestra que el empuje y la alegría de la gente pueden convivir perfectamente con el orden de la ciudad. El gran reto del municipio a futuro será mantener este esquema de diálogo, garantizando que las familias de escasos recursos protejan su derecho al trabajo, a la vez que la ciudadanía goza de calles limpias y seguras.