PRENSADOS

Universidad de Pamplona | Programa de Comunicación Social

El esfuerzo que no se ve

Semblanza por: Natalia Suárez | 15 de junio de 2026

Edison Jaimes en su puesto de frutas y verduras

Edison Jaimes en el centro de acopio de Pamplona. Foto: Natalia Suárez

En medio del frío de la alborada, mientras la urbe apenas empieza a despertar, Edison Jaimes ya se encuentra activo. Teniendo dos años y medio de trayectoria en la plaza de mercado de Pamplona, su cotidianidad pasa entre el olor a tierra mojada, el ruido de los vehículos de carga y el reto continuo de un espacio comercial que jamás se detiene.

Edison no terminó en este trabajo por casualidad; lo escogió en busca de firmeza económica, si bien rápidamente notó que la tranquilidad es algo extraño en este lugar. Su día de labores inicia a las 4:30 de la mañana. Mientras amanece, él se enfoca en ordenar su espacio, acogiendo la mercancía que proviene de las zonas rurales de Norte de Santander. Su objetivo es evidente: lograr que cada vegetal o fruta consiga un comprador antes de que caiga la noche.

Organizando los productos desde la madrugada

El arduo trabajo de organización matutina. Foto: Natalia Suárez

La dinámica es agitada. Los agricultores bajan sus productos desde las cuatro de la mañana, y el movimiento de alimentos no cesa hasta que, después de las siete de la noche, Edison por fin clausura su local. En sus estantes sobresalen alimentos como el mango, la guayaba, la arveja y la cebolla cabezona, artículos que él escoge cuidadosamente.

"Si el clima empeora, las ventas se ponen difíciles", señala el vendedor, haciendo alusión a la forma en que los cambios de temperatura impactan sus ingresos y la calidad de productos frágiles como la habichuela o el apio.

No obstante, no todas las cosas son fáciles. Edison evoca con una sonrisa nostálgica esas jornadas de aguaceros fuertes, en las que el tiempo atmosférico define los valores y la falta de productos genera roces entre los compañeros. Dejando de lado los números, él es una persona de actitud amable. Desde su perspectiva, brindar una buena atención no es meramente una táctica comercial, sino un principio de vida. Considera que empacar bien y sonreír garantizan la calidad del servicio.

Si bien admite que el diálogo con los demás comerciantes en ocasiones se vuelve tenso debido a la rivalidad, prefiere actuar con calma. "Resulta clave aguardar y mirar los valores con tranquilidad para no desorientarse", recomienda a los que buscan entrar en este negocio.

Aquello que verdaderamente lo impulsa no es apenas el intercambio de dinero, sino la satisfacción de ayudar a sus vecinos. Mirando hacia el mañana, anhela agrandar su negocio y volverse un líder dentro de la central de abastos. Edison comprende que la ruta es dura, no obstante, avanza con la certeza de alguien que adora su labor. Ya que, al concluir la jornada, tras cada alimento que vende, existe un relato de entrega y una labor callada que, pese a pasar desapercibida para muchos, representa la fuerza que nutre a toda una población.