PRENSADOS

Universidad de Pamplona | Programa de Comunicación Social

El remiendo de una vida

Semblanza por: Wendy Lezcano | 15 de junio de 2026

Belkys cosiendo en su taller

La costura hace parte de la vida de Belkys desde hace varios años y se convirtió en una oportunidad de estabilidad para su familia. Foto: Cortesía Belkys Buitrago

La trayectoria de Belkys es un vivo testimonio que expone flagelos que padecen miles de personas en Colombia: los continuos cambios de domicilio, la falta de ingresos constantes y los maltratos psicológicos a temprana edad. Oriunda de Arboledas, población de Norte de Santander, ese lugar no fue en la práctica su única morada. "Habité muchísimos sitios", relata Belkys. Su etapa infantil pasó detrás de los pasos de su progenitora, una señora luchadora dedicada a labores de aseo en distintas viviendas, siempre cargando con la niña a la cual no podía dejar abandonada.

Una gran porción de la infancia de Belkys transcurrió trasteándose de un sitio a otro, a medida que su mamá buscaba quéhaceres en casas de familia. Conforme a reportes del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la falta de empleos estables y el rebusque generan que los hogares colombianos se muden repetidamente, lo cual perjudica en gran medida a los menores de edad. Belkys creció bajo techos que no eran suyos. Se alimentaba y se divertía donde le fuera posible. Hallaba consuelo en terrenos campestres, recolectando cilantro y cebolla entre la siembra; un leve descanso en medio de tanta zozobra.

Niña dibujando vestidos

El dibujo de prendas representa la creatividad que acompañó a Belkys. Foto: Cortesía

No obstante, afrontó circunstancias más crudas: "la parte más dolorosa era al tener que hospedarme con terceras personas". Si bien su madre la encargaba por una cuestión de urgencia y no por desinterés, esos alejamientos constantes sembraron en Belkys un sentimiento de aislamiento que definió su niñez. Especialistas en salud mental infantil señalan que estos distanciamientos tan prolongados provocan daños emocionales y sensaciones de desprotección en los pequeños.

El recuerdo de su travesía al Chocó, que en un comienzo le despertaba la magia de una gran travesía, se transformó gradualmente en una pesadilla solitaria. Después de que su tío se marchó, la mujer que quedó a cargo de Belkys modificó por completo su trato. "Es una señora muy estricta y rígida, pero de pronto dejó de dirigirme la palabra, y cuando lo hacía era sólo para dar órdenes o reprimirme", cuenta Belkys.

"El intento de la pequeña por obtener un gesto cariñoso fracasaba. 'Jamás pude observarla sonreír'", relata sobre aquellos duros días.

Las reprimendas incesantes, la falta de diálogo y la actitud gélida que recibía terminaron haciendo de aquel alojamiento una vivencia repleta de maltrato psicológico. Al volver a Cúcuta, los años adolescentes de Belkys se vieron envueltos en desengaños. Perdió un año escolar dado que a su madre le era imposible costear la educación. Inició su vida laboral desde chiquilla: labores en comedores, guarderías y como empleada doméstica. Inclusive asistió a una señora mayor, lugar en el cual casi sufre un episodio de acoso, una situación que la expuso rápidamente a la indefensión y a los peligros a los que se enfrentan tantas jóvenes que laboran en el país.

Pese a los pesares, mantenía sus ilusiones. Deseaba educarse y ante todo respaldar a su mamá, y hasta caminar en eventos de moda. Pero a la edad de 14 años, su destino dio un giro rotundo: resultó embarazada. Decidió escapar de su hogar ante el temor de cómo reaccionaría su hermano Giovanni, militar de profesión, aunque tiempo después solo recibió su mutismo: "Él no emitió palabra alguna, es decir, me habría gustado que aunque sea me insultara. Pero no hubo ninguna frase. Se marchó", evoca Belkys. Tiempo después, el uniformado sufrió heridas en el Catatumbo y perdió la vida sin que existiera la oportunidad de un último diálogo.

"Aún me duele por dentro que jamás logramos cruzar palabra". Ese luto inconcluso es una llaga que no cierra, cruzada también por el entorno de conflicto armado que azota a esa región. Luego del fallecimiento, el núcleo familiar obtuvo una compensación por parte del ejército, lo que le dio a su mamá la posibilidad de adquirir su primera vivienda propia. Compartieron como familia: Belkys, la mamá, sus pequeños y su pareja a lo largo de un lustro, pero aquella dicha fue fugaz: su mamá falleció a causa de un cáncer, propinándole otro impacto doloroso que debió encarar con valentía.

Belkys continuó remendando su camino. Concluyó la secundaria, laboró como madre comunitaria, se graduó de una técnica en atención infantil y adicionalmente tomó clases de modistería, una labor que la enlazó con su lado creativo, ese que tenía reprimido desde su infancia. Su pareja laboraba en un taller de ropa y ella en la entidad comunitaria, pero invariablemente se reunían rodeados de telas y puntadas. De ese contexto surgió el proyecto de montar, paso a paso, un pequeño centro de confección junto a él.

Actualmente, al expresarse sobre sí misma, se identifica tal cual es: una ciudadana que cruzó y venció las inestabilidades, los vacíos y la crudeza emocional que a menudo se disimula bajo la crianza y la escasez. Cuenta con dos hijos, un esposo que es su bastón, una profesión y una fortaleza que no clama por ovaciones. Su anhelo primordial es volver a contar con una casa propia, en la cual pueda establecerse sin el temor de que su lugar de residencia cambie sorpresivamente. Durante el transcurso de sus días, las realidades mutaron, los seres queridos partieron, los empleos variaron, pero invariablemente se mantuvo una pieza sólida: ella misma.