La felicidad es el “check” en la lista de pendientes
Observar es su fuerte
Redactado por: Karla Pérez | 23 de junio de 2026
1 Caricatura de Nicole Galvis, estudiante de Comunicación Social.
A sus 23 años, esta joven de Nobsa (Boyacá) entiende la comunicación desde la retaguardia. Entre el orden riguroso, la resiliencia forjada en la soledad y el sueño de narrar el campo.
Sentada frente a Nicole Stefanie Galvis Torres, uno entiende rápidamente que la seriedad no es una coraza, sino una estructura. Es una mujer de contrastes: una introversión inamovible que solo se altera ante los vínculos fraternos, y una disciplina que le ha permitido sobrevivir a las presiones de la vida adulta desde muy temprana edad. Su mirada no busca el protagonismo de la cámara, sino la profundidad de las historias que ocurren detrás de ella.
“Tener un plato limpio ya me genera serotonina”
Si usted tuviera que describir su esencia en pocas palabras, ¿cómo lo haría?
Me considero una persona bastante introvertida desde siempre. No es algo que haya cambiado del colegio a la universidad. Soy seria, pero con mis amigos o con las personas con las que llego a tener una relación fraterna, saco tintes extrovertidos. Sin embargo, tiene que haber un vínculo muy fuerte para que esa introversión se suavice.
¿Qué momentos de su vida la hacen sentir a usted realmente feliz?
Tengo una postura particular frente a la felicidad; no soy feliz las 24 horas del día. Para mí, la felicidad reside en cada acción que realizo. Me gusta ser eficiente con mi limpieza; tener un plato y un cubierto limpio ya me genera esa serotonina que necesito. Dejar mi cuarto arreglado, ver un episodio de una serie o escuchar un álbum nuevo son pequeñas victorias. Es la satisfacción de sentir el ‘check’ en la lista de cosas que tenía que hacer; ese cumplimiento es lo verdaderamente disfrutable.
Su carácter se percibe sólido y firme. ¿Qué experiencias cree usted que la han fortalecido en este camino?
Salí de mi casa en Nobsa a los 17 años, justo antes de la pandemia. Me fui a Bogotá a explorar y de repente el mundo se cerró. Pasé toda la cuarentena allá sola, enfrentando presiones. Mi primer trabajo fue armar cajas comerciales: me exigían 50 por hora y yo lograba 20. Esa presión psicológica de un jefe exigiéndome tan joven, sumado a que al final nunca me pagaron, fue lo que terminó de forjar mi carácter.
¿Qué la motivó a elegir carrera de Comunicación Social y qué tipo de historias anhela usted compartir con el mundo?
Siempre me llamó la atención la producción detrás de cámaras. Buscaba una carrera donde convergiera lo audiovisual con lo social. Como vengo de un contexto rural, mi sueño es contar historias de las personas del campo, especialmente de las mujeres rurales.
No quiero narrarlo desde la compasión, sino desde la curiosidad. Cada persona tiene una perspectiva distinta del mundo y mi interés es conocer eso, vengan de donde vengan.
¿Qué aspectos de su personalidad o qué pasiones cree usted que muy pocos llegan a conocer realmente?
En clase suelo ser muy parca y seria, pero en confianza hablo mucho y río con fuerza. Además, algo que casi nadie sabe es que me apasiona pintar. Es un hábito que guardo para mi intimidad, junto a mi refugio en el cine y el anime. Son mis espacios de paz.
Después de la conversación, queda claro que Nicole no necesita destacar para ser significativa. Su manera de entender la felicidad desde lo cotidiano refleja una vida construida entre la disciplina, la introspección y la resiliencia. Su historia deja una imagen de alguien que encuentra sentido en lo simple, en lo cotidiano y en el orden con el que enfrenta su vida.